¡Usar un baño público puede ser terrorífico!… Aquí te decimos cómo prepararte para esta batalla.

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Todas hemos pasado por esto al menos una vez en nuestras vidas… y todas coincidimos: ¡Usar un baño público puede ser te-rro-rí-fi-co!

Pero no temas, a continuación, tenemos algunos tips con los que puedes prepararte para esta batalla.

Es seguro, en tu mente suena profunda la voz de tu madre haciéndote una advertencia de vida o muerte: ¡Jamás uses un baño público! Y es que, una “parada técnica” de esta clase, puede convertirse en una verdadera historia digna de la más espeluznante película de horror.

Sin embargo, para cada terrible problema que puedas encontrarte en este sitio tan temido, ¡tenemos una solución!

1. La posición

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Este primer consejo requiere de toda tu concentración. Éste es el momento en que tu curso intensivo de yoga aéreo rendirá frutos, o, en el mejor de los casos, cuando te toca revivir tus glorias de secundaria, cuando eras la estrella del equipo de gimnasia.

La clave es balancear cada uno de tus chakras, confiar en la fuerza de tus piernas, e intentar evitar… Con toda tu energía, el tener contacto, jamás, bajo ninguna circunstancia, con el inodoro… lo cual nos lleva al segundo punto importante:

2. La puerta

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Una vez equilibrado tu cuerpo entero sobre el temido excusado, asegúrate de extender suave, pero firmemente tu brazo izquierdo (el derecho lo usarás más tarde, si eres diestra) para mantener la puerta cerrada

Puedes jurar que es muy raro que encuentres una puerta de inodoro con seguro, y también puedes jurar que cuando menos lo esperas, alguna otra chica llegará a abrir de golpe la puerta, ocasionando que de tu pecho brote un grito tipo: ¡¡¡¡OCUPADO!!!!

3. La bolsa

Y mientras estás sobrevolando el retrete, necesitas hacerte cargo de  tu bello bolso de diseñador… No lo puedes dejar sobre el suelo,¡ni loca!… Hay toda clase de fluidos no identificados… gérmenes, bacterias, virus… ¡¡¡Qué pavor!!!

Procede a una valoración rápida del peso de tu bolso… en el mejor de los casos, no sobrepasará los doce kilos y puedes sostenerlo sobre tu hombro derecho… no queremos que te disloques el brazo con el que intentas mantener la puerta cerrada…

Pero, si es uno de esos días en que decidiste ser precavida y llevar contigo cuanto objeto de “vital importancia” encontraste a tu paso ( de 15 a 20 kilos de carga) mejor acomoda las asas de tu bolso sobre tu cuello… Ahora entenderás por qué…

4. El papel higiénico

Ya estás ahí, en un retrete de dudosa higiene, con una puerta sin seguro, con un suelo que alberga un inmenso zoológico de gérmenes y… ¡Claro! Con un dispensador de papel higiénico VACÍO, y lo que menos deseas es pedirle a tu “vecina de excusado” que te pase un poco de papel…

Con la mano que te ha quedado libre, procede a buscar dentro tu departamento portátil (bolso) ese paquetito de pañuelos desechables que sabes que llevas contigo, mas desconoces su exacta ubicación… A estas alturas, el tacto es fundamental… tendrás que pasar tu mano a un lado de las 37 llaves con sus 95 llaveros de cristal checoslovaco, tu desbordada cosmetiquera… todas las bolsitas de azúcar extra que tomaste hace un par de horas cuando te entregaron tu machiatto… y finalmente… toparte con el paquete de pañuelos. ¡Sí! ¡Lo lograste!

5. La retirada

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Te aseas, lentamente alíneas tu columna vertebral, te incorporas cual contorsionista para mantener inmóviles tus rodillas pues si no has permitido que el bolso toque el suelo; mucho menos dejarás que tu ropa interior roce esa espantosa superficie… te quitas del cuello la bolsa; te acomodas la ropa; aún no sueltas la puerta… te cercioras de jalar la palanca… (ignoras la cabeza de otra chica que se asoma por debajo de la puerta para saber si ese baño está desocupado)… y sales más que mentalizada para no hacer contacto directo con ninguna de las mujeres que aguardan su turno de entrar.

Todas están de acuerdo, te has demorado ahí una eternidad… pero ya no importa… Caminas triunfante hacia el lavamanos, sonríes al recordar que aunque no hay jabón siempre llevas una botellita de gel antibacterial; te retocas el maquillaje, (no olvides tomarte la clásica Selfie); sonríes aliviada de que has salido triunfante y vuelves a tu mesa…

¡Ah! Y si acaso tu chico te pregunta molesto por qué has tardado tanto… Sólo limítate a responder: “La fila estaba inmensa, cariño”… (ellos jamás lo entenderían).

¡Ahora ya nada te tomará por sorpresa! Y si esta nota te pareció divertida, te invitamos a reirte un poco más con nuestro artículo sobre ¿Qué pasa en la cabeza de una chica, cuando va por primera vez al baño de su novio!