Lo amé enloquecidamente hasta que dije basta

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Cuantos errores solemos cometer en nombre del amor ¿verdad? Muchas veces solemos idealizar a la persona que amamos y sacrificamos nuestra felicidad y nuestra dignidad.

Construí historias en mi mente y traté de vivir lo que siempre soñé para mi vida. Entregué todo, arriesgué mi esencia y mis anhelos y hasta pasé por alto defectos que nunca pensé que podría tolerar. Hice de todo para hacer feliz a ese hombre que contadas las veces con los dedos de la mano me dijo “te amo”.

Dignidad

Lo complacía para dejarlo contento y que nunca me dejara. Fingí que todo estaba yendo bien, cuando por dentro sabía que algo pasaba. Y así fue como un día me estrellé con la realidad, pues me di cuenta yo sola que estaba perdiendo mi dignidad. Él sabía eso y se aprovechaba, pero el principal problema no era él, sino yo que no me respetaba y le permitía sobrepasar los límites porque lo amaba.

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Reaccioné cuando perdí mi esencia, el amor y el respeto hacia a mí. Cuando dejé que una persona cortara mis alas. Cuando dejé de expresarme, de ver a mis amistades, de salir de casa, de divertirme, de sonreír…

Estaba claro que eso no podía ser amor, pues el amor no significa perder la dignidad ni renunciar a uno mismo. Para amar a alguien comprendí que primero debo conocerme a mí misma, darme ese espacio…

Lo amé enloquecidamente hasta que dije basta. Mírate al espejo, eres linda, buena persona, ¿cómo pudiste dejar que te trataran como un juguete? Ámate, respétate como mujer y para de llorar y sufrir.

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Si bien, soy consciente de que no es fácil tomar esa determinación de dejar atrás lo que nos hiere, sobre todo cuando es la persona a la que amamos, es importante no dudar de cuanto valemos y que siempre hay que ir para adelante sin perder la dignidad por nadie ni permitirse volver a sufrir por amor.