Llegar virgen al matrimonio desplomó su vida. No cometas el mismo error.

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Desde pequeñas nos educaron bajo la creencia que, para recibir el amor de Dios, hay que llegar virgen al matrimonio. Nos dijeron qué es lo bueno y qué es lo malo para que sepamos qué hacer y qué no. Sin embargo, ¿qué sucede cuándo la recompensa de Dios es distinta a lo que nos prometieron?

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Esto fue lo que le pasó a esta chica. Llegar virgen al matrimonio desplomó su vida. No cometas el mismo error.

La experiencia de quien llegó virgen al matrimonio y no sirvió de nada:

Boda

En la carta ella comenta las cosas que solía hacer con sus hermanos y madre. Ella contó que no recuerda haber faltado nunca a la iglesia y a medida que fue creciendo, muchas cosas cambiaron en su cuerpo. Además, su madre e dijo lo importante que es llegar virgen al matrimonio y le pidió que jurara que así sería.

Cuando sucedió esto, ella tenía 11 años y aún jugaba con las muñecas. Detestaba a los niños y quería pasar el resto de su vida junto a sus padres. A medida que transcurría el tiempo, los padres estaban obsesionados con eso de llegar pura al casamiento. Le hacían recordar su promesa, pues si desobedecía, viviría en eterno pecado e iría directamente al infierno.

El tiempo pasó y conoció al gran amor de su vida. Él respetó su decisión de continuar siendo virgen hasta el matrimonio. Ella estaba sumamente feliz, se casó de blanco y tuvo una fiesta maravillosa.

Cuando la fiesta terminó, fueron al hotel y los nervios empezaron a perseguirla. No sabía cómo actuar, ni cómo moverse. Su esposo parecía tener una amplia experiencia y cuando terminaron de tener relaciones, él se dio media vuelta y se durmió.

Ella se sentía sucia, angustiada y sola, por lo que también se dio media vuelta y empezó a llorar hasta dormirse. A partir de ese instante, y cuando llegaba la noche, le pedía a Dios que su marido no la tocara, pero al ser su esposa, debía complacer sus deseos.

Con el transcurso del tiempo, ella empezó a verlo como obligación y no como un disfrute.

A los 5 meses de matrimonio, quedó embarazada de su primer hijo y dos años más tarde, otro bebé se sumó a la familia.

A los 4 meses después de haber nacido su segundo hijo, descubrió que su marido le había sido infiel. Ella lo perdonó y, al otro año, se enteró que estaba con otra mujer. Los padres de ella le dijeron que lo perdonara, pero finalmente se divorciaron.

Por tanto, ella afirmó que llegar pura al matrimonio no le sirvió de nada y no tuvo ningún tipo de recompensa. Ahora con 29 años, es una mujer divorciada con dos hijos, que tuvo que trabajar para salir adelante.

Su esposo nada les da y aunque no está arrepentida haber tenido sus dos hijos, sí lo está de haber creído en las palabras de él. Ella renunció a seguir yendo a la iglesia y ahora se preocupa de disfrutar momentos con sus pequeños y vivir la vida.

Si estás pasando por algo similar, no permitas que los de más decidan cómo debe ser tu futuro. Tu felicidad es tuya. Comete errores y aprende de ellos.

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