Amo a mi hijo, por eso lo envío a campamentos de verano

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“Yo jamás podría” exclamó con la mano en el pecho una desconocida delante de mí en la fila de Target.

Momentos antes, ella me escuchó hablar por teléfono con mi hijo preguntándole el número de tubos de protección solar que que usó el año pasado y si necesitaba otro ventilador para este verano. Ella preguntó a dónde íbamos, por el tamaño de la compra que llevaba en mi carrito. Simplemente me reí y le respondí que no íbamos a ninguna parte, iba mi hijo. Él iba a quedarse a dormir en el campamento de verano y yo estaba adelantando el trabajo de preparación de su maleta. Eso, obviamente, conllevó a que ella hiciera preguntas del tipo cuándo, cuánto, cómo y por qué enviaría a mi hijo. Le respondí que serían siete semanas, a cinco horas de distancia y porque lo amamos y queremos que experimente todo lo que el campamento tiene para ofrecerle.

Campamento de verano para niños

Por eso la desconocida hizo ese comentario. Decidí que no valía la pena discutir más -tenía mis razones y no necesitaba explicárselo a una desconocida- pero sí me dejó pensativa.

¿Por qué enviamos a nuestros hijos de campamento?

Tanto mi esposo como yo fuimos al campamento de verano cuando niños, yo fui por 4 semanas cada verano y el 8 semanas. Si nos preguntas a nosotros o a cualquier otro niño que haya ido a campamentos de verano te diremos que fueron los momentos más felices de nuestra niñez. Todavía podemos cantar las canciones, contar las historias, recordar los primeros amores… y primeros besos, y recordar el particular olor del comedor y los lagos fangosos.

De lo que no nos dimos cuenta en ese momento es de todo lo que aprendimos. Aprendimos a ser independientes y a cuidarnos solos. Sí, había consejeros vigilando todo, pero realmente aprendimos a hacernos cargo de muchas cosas. Sin padres allí, aprendimos a hacer nuevos amigos. Fuimos allá y probamos nuevas comidas y actividades. Aprendimos un poco más de nosotros sin darnos cuenta.

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Esas son las lecciones que quiero que mis hijos aprendan, una vez que ambos tengan la edad requerida para ir (mi hijo menor todavía es muy joven). Estar lejos de casa es una oportunidad para aprender de ti mismo fuera de tu zona de confort y seguridad. Es un tiempo para aprender a disfrutar la incertidumbre de lo que viene o de quién dormirá en la cama de al lado. En estos tiempos de conectividad, donde siempre hay un teléfono, computadora o tableta a la vista, los chicos son forzados a salir de eso. El campamento de mi hijo no permite ningún aparato electrónico y yo estoy muy agradecida por ello. El campamento brinda tiempo para recrear los días de infancia feliz que nuestros abuelos y bisabuelos vivieron. Como habitantes de la ciudad, también es una oportunidad para que mis hijos experimenten la cercanía a la naturaleza -no en un museo o en un parque rodeado de edificios, sino en la naturaleza en su estado original.

Y seamos francos:

Siempre es bueno un descanso para nosotros, los padres. El ajetreo del año escolar es agotador. Y para el verano, podemos disfrutar de un descanso los unos de los otros. Sí, pasé la mitad de mi día viendo las fotos del campamento para revisar que mi hijo estuviera feliz, triste o ¡limpio! Pero el tiempo lejos prueba que la ausencia hace crecer el cariño.

campamento de verano

El año pasado mi hijo mayor se fue de campamento por primera vez, él no conocía a nadie. Se sentó en el bus con un chico que conoció días atrás y luego recibí una carta de él diciéndome que le encantaba el campamento. Ya había ido a acampar, a hacer canoeing y esquí de agua -3 cosas que no había hecho jamás en su vida. Cada noche jugaba hockey callejero, tennis o comía s’mores. Y así el niño que había sacado de la cama cada mañana para que fuera al trabajo se unió al club Polar Bear donde lo primero que hacían en las mañanas era saltar al lago. En 3 días, ya estaba creando bonitos recuerdos. 5 semanas después estaba rogando que extendiéramos su estadía hasta las 7 semanas completas. Le dijimos que pensábamos que había tenido suficiente por este verano, pero que podríamos hacerlo para el próximo. Ahora, él está contando los días en el calendario.

Enviando a mi hijo de campamento, estoy haciendo algo especial por él, lo sepa o no ahora mismo. Sólo unas semanas atrás, estábamos teniendo uno de nuestras discusiones frecuentes sobre algo trivial. Él de repente soltó que la razón por la que lo enviamos de campamento es para deshacernos de él todo el verano, y si bien en ese momento hubiese parecido cierto, le dije que ese no era el caso- el campamento es difícilmente un castigo, es un privilegio y él es realmente afortunado por poder ir. Si yo pensara que es un castigo, jamás gastaría el dinero en eso.

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Así que aunque la mujer en la cola de Target puede que nunca entienda porque enviamos a nuestros hijos de campamento, yo puedo pensar en mil razones para ello. Pero la mejor razón de todas es que lo estamos haciendo por el bien de nuestro hijo. Hay un dicho que los campistas suelen decir: “Vivimos 10 meses en 2”. No puedo imaginarme un mejor sentimiento.

Esta historia fue narrada por Rebecca Gruber, la madre del chico que fue al campamento. ¿Qué te parece su opinión? ¿Te has ido de campamento? ¿Piensas enviar a tus hijos? ¡Coméntanos y compárte su historia en tus redes sociales!